La pregunta que nos hacemos muchas veces es, si realmente estamos verdaderamente listos para formar una pareja.

Formar y sostener una pareja es un proceso en el que, como el envejecimiento, lo llevamos a cabo a lo largo de la vida. Nacemos, crecemos, nos desarrollamos, la mayoría nos reproducimos, y damos paso a las nuevas generaciones.

Una vez que nos hemos animado a cruzar  todas las barreras formadas por la cultura, las creencias, los hábitos y las ideas de nuestras familias o sistemas familiares de origen, salvamos todos los obstáculos y nos lanzamos entregados por completo a la aventura de formar una pareja.

Comienza la vida familiar, los niños crecen, van la escuela, pasan los años y nos damos cuenta de que vivimos con el hombre o con la mujer invisible, vivimos en la pareja invisible, la pareja se convirtió en un elemento del paisaje que forma la constelación familiar,  la pareja no es el o la que se acuesta cada noche del otro lado de nuestra cama, pareja somos la unidad formada por esas dos personas que un día decidimos comprometernos y sellar nuestra unión de alguna forma ritual o jurídica. A veces, solamente nos mantenemos unidos por los hijos, que en sí representan una fuerza de enorme peso, en otras ocasiones, pareciera que el retrato de bodas es el recordatorio de que estamos casados y que formamos una pareja con alguien más.  

La pareja en crisis, cuando exponen “el problema” o “la queja”, raramente expresan que “tenemos un problema” sino que suelen contar que “él (o ella) es el problema, los problemas (y las soluciones también) están mucho más dentro de uno que en el exterior. Cada uno tiene que tomar su responsabilidad y hacerse cargo de ella.

Las crisis, nos ayudan a crecer, cuando nuestro mundo es un mundo feliz, algo está pasando, pero no pasa nada porque todo se convierte en rutina, esto conlleva un doble significado: por una parte “peligro” y por otra “oportunidad”. Lo peligroso y lo duro de una crisis es que los recursos, las defensas, las estrategias, las capacidades, las conductas, las visiones puestas en juego hasta el momento y que resultaban útiles ya no sirven como antes, las seguridades se hacen añicos y durante un período de tiempo aumenta la ansiedad, el miedo, la tristeza, la agresividad, la confusión, el aislamiento. Y  la contrapartida de la crisis es la “oportunidad” de crear, porque, a partir de allí y como mecanismo de supervivencia, podemos poner en marcha nuevas capacidades, nuevas visiones, nuevas estrategias.

Las parejas que duran, pasan necesariamente por crisis, las afrontan y aprenden de ellas. Cuando una pareja decide huir de la crisis rompiendo la relación, tarde o temprano –probablemente en la siguiente relación de pareja- van a tener que afrontar el mismo reto y se encontrarán en el mismo punto en el que se emprendió la huida.